Hacemos lo mismo


Fin de exámenes, el silencio del estudio se disfraza de prostituta y nos incita a salir. Las mismas caras, la misma gente, la misma marca de alcohol en tu botella, el mismo amigo que mete la pata… El deseo de que llegue el verano nos inunda la mente y cuando llegamos seguimos teniendo quejas.

Último examen con cara de voy a comerme el mundo, escribes la primera frase mientras piensas en la borrachera que vas a pillar con los tuyos. Sales del aula y el aire que respiras es más puro que el de hace 2 horas, el día está nublado pero siempre hace un día perfecto para ser libre, incluso las mujeres te parecen más guapas.

Suena divertido y es la mejor sensación en este momento del año, pero si lo piensas llevas haciéndolo toda tu vida, una puta espiral que nos va encerrando poco a poco en forma de noches y vasos por beber. ‘Este verano será inolvidable’ es la frase más usada por todos los estudiantes aunque al fin y al cabo todos hagamos lo mismo de siempre.

Estudiamos para aprender y a la primera de cambio pillamos una botella y olvidamos un curso completo en una noche… bendito aprendizaje.

Hemos cambiado todos, las personas maduran y algunos creen ser más de lo que son. El típico gafas con el que solías divertirte a base de todo tipo de aberraciones y mofas despojando su dignidad se ha convertido en un maromo de MHYV, la típica gorda que todos odiaban se ha convertido en una belleza capaz de ponerte palote con un solo gesto, el típico chulito de clase al que todos respetaban se ha convertido en un calzonazos arrastrándose por una chica que no vale ni un paquete de patatas…

Hacemos lo mismo, pero lo mismo sigue cambiando sin darte cuenta.

 

Espectadores del Analfabetismo


Vivimos en una sociedad que da asco. No vengo a hablar de política, ni de muchos temas que ya nos traen por la calle de la amargura… Tan sólo vengo a comentarles mi punto de vista sobre lo que hoy se llama ‘televisión‘.

La televisión es uno de los inventos más importantes del siglo XX, sirve para informarnos, para darnos opinión sobre temas en debate, para entretenernos… Pero este artefacto se ha convertido en un cubo de basura donde las mentes menos alimentadas son las que triunfan.

En el mundo donde vivimos faltan valores, honradez y sacrificio

He venido a hablarles sobre los ‘programas‘ de televisión que me provocan náuseas, que me crean picores e incluso me ponen de mal humor; He venido a gritar mi punto de vista al estar cansado de cambiar de canal y encontrarme con la misma mierda que nos lava el cerebro.

Empecemos por una casa en la que habitan 12 individuos cuyo premio se le es otorgado al más hipócrita, retrasado y payaso que no rechista en dejar su dignidad por los suelos delante de un país. Dais asco.

Me piden que respete los gustos, pero esto sobrepasa mis límites y fronteras. Yo respeto lo que se gana con sacrificio, lucha y constancia, respeto el trabajo, el arte de hacer reír y llorar con palabras, y no con faltas de vocabulario; respeto los tipos de música desde el Jazz, el Rap y el Funk hasta la Clásica, el Pop e incluso el Reggaeton, pero jamás me pidáis respeto por algo que está en lucha con mis valores.

Borrachos, enfermos neuróticos y mentes desequilibradas son la clase de personas que domina nuestra guía televisiva. No tengo hijos, pero si los tuviera jamás dejaría que le troceen el cerebro una serie de individuos exdrogadictos y maleantes que se dedican a insultar y a cometer errores de nuestro habla en plena antena… Preferiría que mis hijos vieran porno antes que semejante atrocidad capaz de devorarle las neuronas.

Así defino el tipo de sociedad en la que vivimos, y sí, la culpa es vuestra. Es vuestra por ser espectador de la mayor crisis del país, espectadores del analfabetismo. Vivimos en una sociedad poderosa al mismo tiempo pobre de inteligencia. La televisión apagada está más bonita.

Si no, podemos seguir con el nuevo show que se dedica a pagar dinero a unos individuos problemáticos que se dedican a ir de fiesta en fiesta a base de alcohol, con una actitud prostituida y unos valores podridos. Lucha constante de mi cerebro ante tal grosería, náuseas al ver que somos nosotros mismos quienes alimentamos dicha barbaridad.

Corren tiempos de crisis, pero no nos hemos parado a pensar que la mayor crisis de todas y la más importante es la ausencia de inteligencia… y España no es que sea el alumno diez de la clase.

A veces me paro a verlo para ver quién es el más inútil o analfabeto de todos pero eso ya es perder tiempo, mi tiempo… Tiempo que uso para el sacrificio, para luchar con constancia por mis sueños, tiempo que uso para formarme como mejor persona y hacer de mí una persona inteligente de provecho, porque, queridos amigos, no hay más pobreza que la ausencia de inteligencia.

Atrapados


Hoy en día, todos hemos cambiado. Las redes sociales se han apoderado de nuestro diminuto cerebro, de nuestra personalidad y de nuestras relaciones personales. Ya se quedaron en el baúl de los recuerdos las cartas por correo, las postales a domicilio, las llamadas a casa… Ahora es distinto, las cartas de amor se mandan por mensajes privados, las felicitaciones por menciones, las llamadas de atención por favoritos, los piropos por retweets…

Las redes sociales actualmente son el medio de comunicación más utilizado en el mundo, tanto Twitter como Facebook, y llega hasta tal punto que nos aleja poco a poco de nuestros seres más cercanos. Por ejemplo, ese silencio que se interpone en una conversación para revisar las notificaciones en tu nuevo móvil de última generación que hasta te lava la ropa, se ha convertido en uno de nuestros gestos preferidos, o ¿qué me decís de esas parejas que veis sentadas en un banco mirando sus móviles cual posesos en celo? Maldita tecnología, culpable de separaciones matrimoniales incluso más que el dinero. Móviles cargados de batería por el diablo.

Ya no existen los diarios, ahora se llama Twitter. Ya no existen los álbumes de fotos si no es en Facebook, ahora los pensamientos se llaman “Tweets” y los piropos “Me gusta”. Estamos jodidamente encerrados en esta red. Nos levantamos con el móvil en lugar del peluche. Hemos cambiado por un trasto del demonio, pero en el fondo nos gusta.